A la búsqueda de ‘Barkeno’
18May

Entre octubre y diciembre de 1936 las obras de arte depositadas en el Museo de Arte de Cataluña de Montjuïc fueron trasladadas a los depósitos de Olot y Darnius, en Girona, lejos del peligro de las bombas. Allí estuvieron hasta el final de la guerra civil en 1939, momento en que regresaron a Barcelona. Todas, menos una caja con monedas pertenecientes al Gabinete Numismático de Cataluña a las que se le perdió la pista entre el viaje de ida y vuelta. Entre las piezas de metal desaparecidas estaba una casi mítica: un pequeño dracma de plata ibérica acuñada en el siglo III antes de Cristo, a imitación de las monedas griegas que se fabricaban en Emporion (actual Empúries) en las que se puede ver en el anverso una cabeza femenina y un caballo alado o Pegaso en el reverso, además de la inscripción ‘Barkeno’; sin duda el documento más antiguo en el que aparece el nombre de la ciudad.

75 años después de su desaparición, el Ayuntamiento de Barcelona, a través de la nueva web del Servicio de Arqueología de Barcelona, trata de lograr pistas para recuperarla. “Se trata de una pieza fundamental para la historia de la ciudad”, explica la arqueóloga Carme Miró, responsable del Plan Barcino que impulsa el concejal de Cultura Jaume Ciurana y que trabaja por dar visibilidad a los restos arqueológicos, sobre todo romanos, de la ciudad. Por eso, tras pedir en febrero ayuda en la web para localizar una excepcional estela ibérica desaparecida en 1858, ahora se pide la colaboración ciudadana para recuperar la importante moneda de la que solo se conoce otro ejemplar, actualmente en el Museo Nacional de Dinamarca, tras ser adquirida en un anticuario de París en 1847.

La ciudad de Barcelona es una fundación romana del año 10 antes de Cristo, pero el territorio donde se decidió crear esta colonia estaba ocupado desde la prehistoria. “Cuando Augusto funda la ciudad suma a los nombres de ‘Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna’ el de ‘Barcino’, por el los pobladores iberos que vivían aquí”, explica la experta.

Hasta hace poco la presencia de restos iberos en el llano de ciudad era escasa. Pero las últimas excavaciones han hecho cambiar esta percepción. “Además de los poblados del Turó de la Rovira y el Putxet, había un asentamiento de época ibérica cerca del recinto del Hospital de Sant Pau y en Ciutat Vella, en la plaza de la Gardunya y en la calle Ripoll, donde también se han localizado restos materiales de este periodo”, asegura.

Pero ningún lugar concentra tantos datos de la presencia ibera como la montaña de Montjuïc, que Miró ha estudiado en profundidad.

Para ella no hay duda de la importancia de un núcleo ibero en esta montaña, posible capital de la Laietana, y así lo publicó en 2009 en la revista Quarhis donde desveló que este asentamiento, con restos desde el siglo IV antes de Cristo, pudo ser la cuna de la ciudad de Barcelona y uno de los poblados ibéricos más importantes de Cataluña. Y lo era por controlar el comercio marítimo y fluvial del río Llobregat y por comerciar con las potencias económicas del momento, como la Roma Republicana. Los 21 silos que se han excavado donde se almacenaba cereal para comerciar son los más grandes de todo el noroeste peninsular: En uno de ellos tenía capacidad para conservar grano para alimentar a 250 personas todo un año. Este comercio le llevaría a acuñar monedas en el siglo III como la que se trata de recuperar.

Desde aquí, a finales del siglo I, la antigua Barkeno ibérica de Montjuïc dio paso a la moderna Barcino romana, y durante un tiempo habrían convivido los dos núcleos, mantiene Miró. Ella y Ciurana explicaron la semana pasada, cuando anunciaron su intención de recuperar esta pieza, que esperan recibir nuevos datos pronto. “En todo caso es una excusa para iniciar la búsqueda y la investigación sobre el nombre de Barcino antes de la Barcino romana”, concluyó Miró.

 

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Publicado el 18 de May del 2014
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