A la espera de la señal de la nave espacial que va tras el cometa
20Jan

La nave espacial automática Rosetta, que lleva casi nueve años viajando por el Sistema Solar, se programó hace 31 meses para que hoy se despertase del estado de hibernación y se pusiera en contacto con la Tierra. Si todo va bien, el próximo mes de agosto llegará al cometa 67P/Churyumov-Gesasimenko para cumplir una misión que nunca se ha intentado antes: ponerse en órbita de ese objeto celeste, soltar un módulo de descenso a su superficie y acompañarlo en su viaje hacia el centro del Sistema Solar para investigar el proceso de activación cometaria. Se trata de una de las más ambiciosas misiones científicas de la Agencia Europea del Espacio (ESA).

Rosetta está ahora a poco más de 807 millones de kilómetros y a 673 millones de kilómetros del Sol. La sonda, desde su lanzamiento en 2004, ha hecho parte de su viaje despierta, e incluso ha hecho observaciones científicas de dos asteroides (Stein y Lutetia) que estaban en su trayectoria. Pero en el largo viaje hacia el cometa poco podía hacer, así que, a mediados de 2011, los ingenieros programaron el despertador para hoy (con toda la secuencia de operaciones para reanudar el contacto) y pusieron todos sus equipos en letargo para esta fase de crucero: orientaron sus paneles solares hacia el Sol y la nave en rotación (un giro completo sobre sí misma por minuto). Entonces se apagaron todos los aparatos, excepto el ordenador de a bordo y varios calentadores.

El despertador quedó ajustado para hoy a las 11.00 (hora peninsular), pero los responsables de control de la misión no saben en el acto si la nave ha salido del letargo y en qué condiciones. Lo primero a tener en cuenta es que cualquier radioseñal que envíe Rosetta, a una distancia ahora mismo de 807 millones de kilómetros, tarda 45 minutos en llegar a la Tierra (al viajar la luz a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo en el vacío). Pero el orden del día que se cargó en el ordenador tras el despertar consiste en una secuencia de varias operaciones antes de retomar el contacto directo con el centro de control, señala la ESA: inmediatamente después de sonar el despertador, empezar a calentar el dispositivo de seguimiento de estrellas para facilitar la orientación de la nave; después, encender sus propulsores para ralentizar la rotación; ajustar su orientación para garantizar que los paneles solares están directamente orientados hacia el Sol. Una vez que se ha cumplido esta secuencia, Rosetta enciende su transmisor y apunta la antena principal hacia la Tierra para enviar la señal que indique que está activada. Los responsables de la misión están muy pendientes en el centro de control ESOC, de la ESA, en Darmastadt (Alemania). Es como advertir a un amigo que ponga el despertador un día, dentro de unos meses, a las ocho de la mañana para quedar a desayunar un par de horas después. Hasta que no llegue el amigo a la hora fijada uno no puede saber si ha funcionado el despertador y si se ha despertado debidamente.

La hora prevista hoy para la recepción de la primera señal de Rosetta tras este período de letargo es entre las 18.30 y las 19.30. Las antenas de la red de espacio profundo (DSN) de la NASA y la antena de la ESA en New Norcia (Australia) están a la escucha.

Tras la reactivación, una vez que los operadores hayan verificado el estado de salud de todos los sistemas y equipos de la nave, se encenderán los instrumentos científicos que lleva para comprobar bien su funcionamiento. Toda esta fase durará unos meses.

No es la primera vez que se pone en letargo una nave espacial en viaje por el Sistema Solar, y en anteriores ocasiones todo ha ido como la seda. La nave Giotto, por ejemplo, que pasó junto al cometa Halley en marzo 1986, fue puesta en hibernación tras lograr ese primer objetivo y fue reactivada muchos después para sobrevolar el cometa 26P/Grigg-Skjellerup, en julio de 1992.

La Rosetta, con casi tres toneladas de masa en el lanzamiento (incluido el combustible, los aparatos científicos y el módulo de descenso Philae) partió el 2 de marzo de 2004, con más de un año de retraso sobre la fecha inicialmente prevista debido a problemas con el cohete Ariane 5. Ese retraso obligó a cambiar el destino de la misión, que en principio se iba a dirigir al cometa Wirtanen. En el viaje ha pasado tres veces cerca de la Tierra y una vez cerca de Marte para tomar impulso gravitatorio antes de dirigirse hacia 67P/Churyumov-Gesasimenko.

El cambio de destino no modificó los objetivos científicos de la misión: se trata de observar de cerca el cometa tomando múltiples datos científicos para ver cómo se va transformando a medida que se acera al Sol en su órbita elíptica; después se desprende el Philae para que se fije en la misma superficie del núcleo del 67P/Churyumov-Gesasimenko y realice análisis allí mismo, mientras la sonda sigue en órbita. Será este verano.

La nave es un cubo de 2,8 x 2,1 x 2 metros y lleva dos enormes paneles solares de 14 metros de longitud. En el orbitador van instalados 11 instrumentos científicos (incluidos tres de la NASA) y en la sonda de descenso, otros diez.

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Publicado el 20 de January del 2014
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