De campo de minas a paraíso natural
14Nov

La mejor manera de conservar un ecosistema es llenarlo de minas antipersona. Es un método brutal, pero eficaz. Ha funcionado en la frontera entre Irán e Irak para salvar de la extinción al leopardo de Persia, que campa a sus anchas por la zona de nadie sin llegar a detonar las minas colocadas durante la guerra entre los dos países en la década de 1980. También ha servido para aislar del mundo a unos caracoles que solo viven en los lodos de la cueva croata de Rudnica Spilja, una zona minada en la Guerra de los Balcanes. Y ha funcionado para salvar a los últimos cedros de Líbano, un árbol con una madera tan dura y aromática que durante milenios fue codiciado por todas las civilizaciones de la Antigüedad. Con su madera se levantó el Templo de Salomón en Jerusalén y se construyeron los barcos de los faraones egipcios.

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Publicado el 14 de November del 2015
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