El guardián de las pruebas nucleares busca otros empleos
05Jul

El 15 de febrero de 2013, una bola de fuego cruzó el cielo sobre la región rusa de Cheliabinsk liberando 30 veces más energía que la bomba atómica de Hiroshima. Unos años antes, en 2006, un terremoto de magnitud 7,5 sacudió Mozambique, convirtiéndose en el mayor sismo del siglo en una zona poco acostumbrada a esos temblores. En 2011, tres semanas después del accidente nuclear provocado por un tsunami en la central japonesa de Fukushima, las partículas radiactivas liberadas ya habían completado una vuelta al mundo. Todos estos sucesos tienen al menos un rasgo en común: Fueron detectados y estudiados gracias a una red mundial de vigilancia diseñado para evitar una hecatombe nuclear.

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Publicado el 05 de July del 2015
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