El informe PISA sitúa a España a la cola en habilidades prácticas
01Apr

Programar un aparato de aire acondicionado, escoger la mejor combinación de metro para llegar a otro punto en una ciudad que no se conoce o predecir el comportamiento de un robot de limpieza en una habitación. Los estudiantes españoles de 15 años están 23 puntos por debajo de la media de los países desarrollados en la resolución de estos y otros problemas cotidianos, según el informe PISA (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes) de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). El estudio, que ha evaluado a 85.000 jóvenes de 15 años de 44 países —en España participaron 2.709 estudiantes— revela que los alumnos españoles están aún peor preparados para enfrentarse a la vida diaria de lo que revelan sus resultados en matemáticas, ciencias o capacidad lectora (y tampoco en ello alcanzan la media de los países desarrollados).

Sus resultados en resolución de problemas están 20 puntos por debajo de lo esperable en función de su rendimiento en las tres áreas: es decir, que no saben aplicar lo aprendido.”Hace falta un cambio radical en la metodología de la enseñanza”, ha asegurado la secretaria de estado de Educación, Montserrat Gomendio, en la presentación del informe. Un cambio en una  enseñanza “anticuada”, ha asegurado, basada solo en la memorización, y un cambio cuya responsabilidad recae, fundamentalmente, en los profesores. “La responsabilidad última es de ellos”, ha enfatizado la número dos del ministerio.

El 28% de los estudiantes españoles de 15 años no llega al nivel mínimo en cómo afrontar un problema, frente al 21% de la media de la OCDE. España, con 477 puntos (500 es la media de la OCDE), se coloca entre la posición 27 y 31 de un total de 44 países, que lideran Singapur y Corea del Sur (con 562 y 561 puntos). La puntuación de España la ubica en el nivel 2 en la escala de resolución de problemas, en el que los alumnos son capaces de abordar situaciones fuera del ámbito familiar pero necesitan orientación para encontrar la solución.

Así, un alumno medio español de 15 años sería capaz de interpretar en un mapa de carreteras la ruta más corta cuando el tiempo de cada itinerario viene dado, podría comprar el billete de transporte público más barato, combinando metro, autobús y tren en una ciudad en la que nunca ha estado, pero, por ejemplo, tendría dificultades para comprar esta combinación de billetes si le surgieran complicaciones como perder uno de los medios de transporte, tener que pagar una penalización, retrasos, etc.

Los resultados de los españoles en matemáticas, ciencias y lectura del último informe no eran para sacar pecho (10 puntos por debajo de la media en matemáticas, ocho menos en comprensión lectora y cinco menos en ciencias) pero menos aún estos, que ponen de manifiesto si los jóvenes saben trasladar a su vida los conocimientos que aprenden en clase. “Y la economía mundial no se centra en lo que se sabe, sino en lo que se puede hacer con lo que se sabe”, ha asegurado el responsable de Educación de la OCDE, Andreas Schleicher, que se ha desplazado a España para presentar los resultados de la evaluación.

El informe PISA divide en seis niveles la competencia en resolución de problemas. El nivel uno es el más bajo y el seis el más alto. Los estudiantes que rinden por debajo del nivel básico (el nivel 2) solo son capaces de resolver problemas muy sencillos que no requieren gran esfuerzo mental y con los que están familiarizados. Como, por ejemplo, elegir en un catálogo de muebles los modelos más baratos para amueblar una habitación.

En el otro lado, los que están en los niveles más altos son muy eficientes en la resolución de problemas complejos. España tiene un 8% de estudiantes en ese nivel, frente al 11% de media de la OCDE. Es frecuente que los más hábiles en la resolución de conflictos sean también los mejores en matemáticas. De hecho, el 64% de los mejores en enfrentarse a situaciones cotidianas son también los mejores en matemáticas.

A España —que obtiene resultados similares a Eslovaquia, Polonia, Eslovenia, Serbia y Croacia— le lastran además varias fenómenos.

Por un lado, el bajo rendimiento de los alumnos con alto nivel socioeconómico. En España, la diferencia en el rendimiento en resolución de problemas de los alumnos en función del nivel educativo de los padres es menor (42,7 puntos) que en la OCDE (68,8 puntos).  Es decir, que los hijos de padres con alto nivel educativo rinden por debajo de lo esperado en España, de ahí la baja puntuación de nuestro país. La secretaria de estado ha asegurado que la “rigidez” del sistema actual establece una “equidad entendida como la uniformidad en la mediocridad de todos”.

Además, la alta tasa de alumnos repetidores (en España es del 33,2% mientras que en la OCDE es de 17%) también incide, porque si se excluye a los alumnos repetidores los alumnos españoles obtienen una puntuación similar a la de la OCDE (512 puntos).

Y, por otro, las destrezas informáticas. Tener un ordenador en casa es casi un bien universal. También en España, donde el 96,6% de los adolescentes disponen de uno en casa. Sin embargo, PISA pone de manifiesto que no están “familiarizados” con su uso. Resulta sorprendente, pues, según los datos, el 75,3% utiliza computadoras o tabletas en clase, cinco puntos más que la media de la OCDE. El informe pone el acento en las diferencias que se observan en España entre las evaluaciones hechas en soporte papel y las realizadas con un ordenador. Es muy llamativo en el caso de la prueba de lectura. En la prueba digital de lectura España obtiene 466 puntos, 31 puntos menos que el promedio de la OCDE, pero es que el rendimiento del alumnado español en lectura digital es significativamente inferior al de las pruebas en papel (488 puntos).

Aunque los chicos españoles son mejores en matemáticas y las chicas en lectura, a la hora de resolver problemas no se aprecian diferencias de género, aunque sí que existen más estudiantes masculinos que alcanzan los niveles más altos. Por el contrario, la media de la OCDE es algo mejor para los hombres, siete puntos por arriba. Las diferencias por sexo en habilidades, a juicio de los autores de PISA, no es algo inherente al género, sino que está relacionado con las oportunidades que dan a cada uno para cultivar su propio talento la sociedad, los padres y las escuelas. El extremo de discriminación es Arabia Saudita, pero se observan también casos curiosos como los de Colombia y Japón, donde ellas son más diestras que ellos.

La prueba muestra también que un español que ha sacado las mismas notas en PISA que un inmigrante extrae menos rendimiento de estos conocimientos en la vida práctica. El foráneo obtiene casi 20 puntos más en el test. Estas diferencias a favor de los extranjeros se dan también en Brasil, Eslovaquia y Taipei, pero en estos países los alumnos inmigrantes pertenecen a familias con una cualificación mayor que la de los nacionales, lo que no ocurre en España. Este último ha sido receptor durante casi una década de extranjeros sin mucha preparación. Actualmente representan un 9,1% del alumnado no universitario.

Obtener unos buenos resultados en esta prueba es vital para cada estudiante, pues quien domine las situaciones tendrá más oportunidades de conseguir en el futuro un trabajo y de participar activamente como ciudadano en la vida social. Los resultados del PIACC –más conocido como el PISA de adultos- refuerza esta idea de que quien no se adapte a los cambios tecnológicos y sociales que depara la vida será incapaz de progresar profesionalmente.

Mejorar estos resultados en vida práctica pasa por adaptar los currículos de las escuelas al siglo XXI, una tarea en la que hace años andan enfrascados los Estados con los mayores logros en la prueba. En Singapur desde 1997 hay un plan para que los profesores sean capaces de usar en clase las nuevas tecnologías, creando un clima de trabajo en el aula que combina la independencia de los alumnos con la exposición en grupo de los distintos puntos de vista. O en Japón, desde 2009 los adolescentes no tienen que aprender 1.000 palabras en inglés de memoria, sino 900 para dedicar más tiempo a cultivar la introspección, el deseo de aprender y la resolución de problemas. Para ello, los centros educativos cuentan con un dossier de directrices, pero son libres para diseñar cómo aplicar el programa. En Alberta (Canadá) también están experimentando con un nuevo modelo que pone en contacto a escuelas, familias y empresa privada. Para alcanzar el éxito, según PISA, se necesita trabajar en grupos pequeños, con diálogo en clase, aprendiendo de los errores y otorgando un papel a cada uno de los alumnos.

Por Administrador
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Publicado el 01 de April del 2014
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