El limbo de los dinosaurios
22Feb

Francisco Ortega recuerda aquella llamada de Adif. Era 2007 y las obras del AVE a Valencia, ya en medio del fuego cruzado político por los retrasos, habían pinchado en hueso. En hueso de dinosaurio. “Una arqueóloga vigilaba que no hubiera restos iberos en las obras en Cuenca, pero vio que aparecían fósiles. Nos llamaron porque llevamos 25 años encargados de la paleontología del Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha”, recuerda este profesor de la UNED.

Cuando llegó a una loma conocida como Lo Hueco, en el municipio de Fuentes, no dejaban de aparecer huesos de dinosaurios. Lo Hueco había sido horadado para construir un falso túnel que redujera el impacto visual de la vía. “En Adif estaban muy nerviosos. Tenían que construir un túnel por allí, y les insistimos en que debían parar la obra, que aquello no era un yacimiento menor”.

Y tanto que no lo era. En junio de 2007 comenzó la excavación de lo que se reveló como uno de los mejores yacimientos de dinosaurios de Europa y, sin duda, el mayor de España. “Contratamos a todos los paleontólogos que estaban en paro en España. Había mucha prisa e hicimos una excavación de emergencia”. Así, con 80 rescatadores trabajando a destajo durante seis meses, extrajeron unos 10.000 fósiles de dinosaurios: saurópodos titanosaurios, dromeosáuridos emparentados con los velociraptores, rabdodóntidos (unos dinosaurios herbívoros bípedos), cocodrilos muy parecidos a los actuales y tortugas de un grupo extinto que se llaman botremídidos… de hace unos 75 millones de años.

Cuenca estaba entonces cerca del mar y los investigadores intuyen que fue algún evento extremo el que juntó allí los restos. “Creemos que hubo una riada o algo así que se llevó muchos animales del cauce y mató a otros. Esto debía de ser la explanada donde quedaron los huesos”, explica Ortega. Viste forro polar y botas de montaña, y habla de forma distendida.

Tras la excavación, el yacimiento fue ampliamente publicitado, descrito como “la Atapuerca de los dinosaurios“. Y comenzaron los grandes planes. El principal era montar un costosísimo museo en Cuenca parecido al de la evolución humana de Burgos. No se trataba de hacer algo muy lúdico porque no lejos de allí está Dinópolis (Teruel). El entonces presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, el socialista José María Barreda, visitó el yacimiento y declaró: “El Gobierno de Castilla-La Mancha no va a escatimar esfuerzos para sacar a la luz todo lo necesario, preservar el hallazgo y todos los restos que aquí se encuentren para potenciar Fuentes y el Museo de las Ciencias en Cuenca”.

Salían tantos huesos que la primera nave industrial alquilada como instalación provisional pronto se quedó pequeña y hubo que buscar una mayor. Pero llegó la crisis y los dinosaurios dejaron de importar. El AVE Madrid-Valencia fue inaugurado en 2010, cuando los fósiles ya estaban arrumbados. “Cuando acabamos de sacar los restos llegó el agujero negro de 2008 y 2009, y ya nos quedamos en este limbo”, resume Ortega, codirector del yacimiento.

El limbo de los dinosaurios es la nave de unos mil metros cuadrados en un polígono industrial a las afueras de Cuenca. Fue elegida como sede provisional —en la entrada aún tiene inscrito el nombre de una empresa de puertas—, pero allí han cumplido seis años y han visto caer a muchas de las industrias de alrededor.

Ortega pasea entre las estanterías. “No sabemos ni lo que hay en la mayoría de ellas. Habremos limpiado un 6% o 7% de las piezas”. En un extremo están los pocos restos que han sido tratados con ayuda de un taller de empleo para parados con cualificación. Eso es un fémur de 1,7 metros; aquello, la calavera de un cocodrilo —antecesores de todos los actuales—, y eso, el caparazón de una tortuga perfectamente distinguible.

Pero solo unos metros después ya asoman miles de cajas sin desembalar. “Están como las trajimos del yacimiento solo que con más polvo”. Algunas agrupaciones de huesos muy bien conservados fueron extraídas en bloque con la tierra, mediante una espuma amarilla. Ni se han puesto a intentar ver qué hay. Los técnicos conocen a los mayores por el nombre coloquial que les pusieron durante los trabajos. “Ese es Escoliosis, una cría de dinosaurio que estaba casi entera”, tercia Fátima Marcos, conservadora de colecciones paleontológicas del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED. “Apareció al final de una larga jornada de trabajo, la gente estaba cansada”, dice Ortega para justificar el nombre del fósil, que en el ordenador figura con el frío HUE-2417.

Hoy es jueves y hay alguna actividad en la nave. Aproximadamente una vez a la semana, Ortega acude con algún doctorando y personas del departamento para avanzar algo. Pedro Mocho, un doctorando portugués, intenta encajar las vértebras de un nuevo tipo de titanosaurio. En las paredes hay colgadas las descripciones de otros parientes de Norteamérica y Madagascar para ver similitudes y diferencias. Solo hay calefacción en una zona que hace de laboratorio, pero aun así Fátima trabaja con guantes, abrigo y bufanda. A este ritmo, tardarían más de un siglo en conocer qué secretos esconde Lo Hueco.

Ortega se desespera. Levanta la tela que recubre uno de los estantes. “Mire, eso son seis vértebras juntas de un saurópodo. Lo único que se había descubierto en la Península eran tres vértebras en Treviño. Y aquí hay una cola casi entera. Si en cualquier yacimiento apareciera solo lo de este estante, daríamos una rueda de prensa para anunciarlo, y aquí lo tenemos sin mirarlo”. Por supuesto que ha habido tesis, estudios científicos y presentaciones en congresos, pero residual en comparación con la importancia del yacimiento, que según Ortega está a la altura de otros en Francia y en Rumanía.

Ni hablar de reconstruir el esqueleto del saurópodo que han dibujado en la pared en tamaño real para dar idea de lo que había en Cuenca. “Los niños conocen los tiranosaurios y los triceratops, que eran los que había en Norteamérica y los que nos ha vendido el cine, pero aquí teníamos este tipo”.

Ante la parálisis, algún colega de otro país se ha ofrecido a llevarse restos para trabajarlos allí. Pero, por ley, el patrimonio paleontológico no se puede vender y es titularidad de la Junta de Castilla-La Mancha. Eso impide también cualquier colaboración con Dinópolis, que está en la vecina Teruel, en la comunidad de Aragón.

El pasado 10 de enero, la presidenta de Castilla-La Mancha, la popular Dolores de Cospedal, anunció que antes del final de la legislatura “Cuenca contará con un museo de paleontología”. En el limbo de los dinosaurios ya han escuchado antes la promesa de un político.

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Publicado el 22 de February del 2014
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