En busca del acuífero dulce en la ciudad salada
12May

Oro, plata, especias, tabaco, tejidos, vinos, aceites; en el Cádiz del siglo XVIII era más fácil encontrarse con un generoso cargamento de estas preciadas mercancías que con un buen vaso de agua. La burguesía local embelesaba al foráneo con los pingües beneficios del comercio americano, pero a pocos convencía de la calidad de su agua potable. “Carece de agua buena y saludable”, “es detestable de beber”; son algunas de las lindezas que los viajeros le dedicaron. En la ciudad insular, de apenas 4,4 kilómetros cuadrados rodeados de mar, resolvieron el problema con una cara solución: traer el líquido elemento en barcos cargados de barriles desde los manantiales de La Piedad, en El Puerto de Santa María.

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Publicado el 12 de May del 2018
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