La chica que da de desayunar a los buitres
15Nov

Émilie Delepoulle mete las manos en un bidón repleto de codornices muertas y pezuñas de cordero. Las saca a puñados y las lanza a su alrededor. Y sale corriendo. “Es una señal. Así ellos saben que me voy”, susurra. “Ellos” son decenas de buitres negros: unos gigantes de casi tres metros de envergadura que vuelan formando una corona sobre su cabeza. Cuando Delepoulle se esfuma, las rapaces, entre las aves más grandes del mundo, bajan en picado y devoran las 180 codornices y las pezuñas. El banquete apenas dura unos segundos.

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Publicado el 15 de November del 2016
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