La Tierra, a vista de radar
25Mar

El primer satélite de la constelación europea que va a vigilar el medio ambiente global, los cambios en el territorio, los océanos, los hielos y los desastres naturales, está listo para salir al espacio con su radar avanzado a bordo. Es el Sentinel 1Adel sistema europeo Copérnico, y su lanzamiento está previsto para la próxima semana. De dia, de noche, sin importar la capa nubosa e incluso en la oscuridad invernal del Ártico, el radar sigue viendo la superficie del planeta y enviando información para poder identificar cualquier cambio que se produzca. El plan es poner en marcha, con estos nuevos satélites, más la información aportada por sistemas colaboradores, un sistema de cobertura global, suministro rápido de datos en bruto y acceso gratuito a los mismos. Será algo así como el sistema de posicionamiento por satélite GPS, pero dedicado a la observación de la Tierra. De hecho, tras el Galileo (el GPS europeo que se está desplegando) Copérnico es el segundo buque insignia de los programas espaciales de la Unión Europea que se responsabilizará de su operación, mientras que del diseño, construcción y puesta en órbita de los equipos se encarga la Agencia Europea del Espacio (ESA).

Las tres misiones Sentinel aprobadas, cada una formada por dos satélites gemelos, combinan las tecnologías de radar (como el Sentinel 1A y Sentinel 1B, que se lanzará el año que viene) y las de imagen. En Copérnico la ESA ha invertido 1.600 millones de euros desde 2005 y la UE, 600 millones, mientras que el coste de operación de 2014 a 2020, a cargo de la UE, asciende a 3.800 millones. Un programa muy rentable si se cumplen los planes de la Comisión Europea generando a la larga 30.000 millones de euros de beneficios económicos de la mano de empresas que pongan en marcha desarrollos e iniciativas de explotación de la ingente cantidad de datos que generará Copérnico.

Sus promotores recalcan que se beneficiará la agricultura, que conocerá en todo momento la humedad de las tierras y las cosechas esperables; la vigilancia de vientos y olas en el océano permitirá trazar predicciones que hagan más segura y eficaz la navegación; el control de vertidos contaminantes, la evolución del uso del suelo y la vigilancia de bosques repercutirá en un mayor control medioambiental y mejor planificación del territorio; la situación y evolución de los hielos en el mar facilitará en tránsito por el Ártico. Además, todos estos datos son fundamentales para un mejor conocimiento del cambio climático y para la puesta en marcha de políticas acordes con las situaciones y las necesidades futuras.

“Una vez que el sistema esté desplegado en órbita tendremos una amplia variedad de satélites e instrumentos para medir numerosos parámetros, realmente todo lo que puedes medir desde el espacio, desde datos terrestres relacionados con las inundaciones, los incendios forestales, las erupciones volcánicas, los datos provocados por terremotos, pero también vertidos de petróleo, cubierta de hielo, etcétera”, avanza Josef Aschbacher, director de Copérnico en la sede de la ESA para observación de la Tierra, Esrin, cerca de Roma.

El Sentinel 1A, que se pondrá en órbita a casi 700 kilómetros de altura pasando sobre los polos, partirá en un cohete ruso Soyuz, comercializado por el consorcio europeo Arianespace, desde la base de Kourou, en la Guayana Francesa, el próximo día 3 de marzo. Es un artefacto de 2.300 kilos que desplegará en el espacio dos paneles solares de 10 metros de largo cada uno y una gran antena del radar de 12 metros. El satélite ha sido construido por un consorcio de empresas lideradas por Thales Alenia Space (Italia), y del radar se ha encargado Airbus Defense and Space (Alemania).

Cuando esté en órbita su gemelo Sentinel 1B, ambos satélites trabajarán en una configuración, separados 180 grados en órbita, de manera que se optimizará la cobertura para garantizar el sobrevuelo de cada zona del planeta como mínimo, aunque en el Ártico la revisita se reduce a menos de un día. Europa, Canadá y las principales rutas marítimas se cubrirán cada tres días. La resolución del radar variará entre 20 por 40 kilómetros y 5 por 100 metros, dependiendo del modo en que se utilice, incluida la combinación de datos de dos o más imágenes radar para detectar cambios acaecidos entre una y otra. Con esta técnica se podrán distinguir desplazamientos del suelo de pocos milímetros en extensas áreas, informa la ESA, algo muy útil para vigilar el terreno con ocasión de terremotos, deslizamiento de tierras y erupciones volcánicas.

La siguiente misión, Sentinel 2, también formada por un par de satélites, llevará cámaras ópticas de alta resolución, en lugar de radares, especialmente indicadas para lograr información, por ejemplo, de vegetación, vías fluviales, distribución de suelo y agua y zonas costeras. La Sentinel 3, será una misión multiinstrumento para medir topografía de la superficie terrestre, las temperaturas de mar y de tierra, así como coloración del océano y el suelo. Los datos serán especialmente importantes para los estudios de clima.

Sentinel 4 y Sentinel 5 serán instrumentos embarcados en satélites operados por Eumetsat, el primero, en un Meteosat y el segundo en un Metop, y volarán al espacio en 2017 y 2020, respectivamente. Pero además, habrá otro satélite de Copérnico, el Sentinel 5 Precursor, diseñado para dar evitar la discontinuidad de datos, sobre todo de atmósfera, entre los anteriores satélites de observación de la tierra (sobre todo los dos ERS y Envisat) y los de Copérnico.

Dado que el sistema va más allá del uso científico de la información que se obtenga y está diseñado para poner los datos a disposición de múltiples usuarios diferentes, el diseño de recepción y distribución de datos de Copérnico ha sido diseñado para lograr una máxima eficacia y rapidez. Los satélites enviarán los registros de radar a cuatro centros receptores distintos, situados en Noruega y España (a la estación de Maspalomas, en Gran Canaria).

Por Administrador
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Publicado el 25 de March del 2014
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