‘Normcore’: lo más moderno es no ser moderno
11Mar

Imagine a un turista estadounidense frente a la Sagrada Familia. Imagine chanclas de Adidas, Crocs, calcetines de rizo blancos, forros polares, pantalones chinos, camisas de algodón sin ningún mensaje, ni corte, ni nada más que algodón. Imagine a esa persona que se viste para cubrir su cuerpo, que ni sabe ni le interesa quién es el nuevo diseñador de Louis Vuitton, que lleva el mismo modelo de vaqueros desde que lleva vaqueros. Esa persona es ahora el referente estético de la tendencia más moderna entre los modernos: el normcore (o normocore, si queremos españolizarlo).

Los hipsters ya no quieren parecer judíos ortodoxos (ni camioneros-leñadores de los años ochenta). Ahora quieren emular a Jerry Seinfeld o Steve Jobs. Según explica Jeremy Lewis, fundador de la revista Garmento, en el New York Magazine “hablamos del antilook, de mostrarse agotadoramente anodino, exonerarse a uno mismo de la tendencias, para no ser como una oveja que sigue al rebaño”. Entendiendo el rebaño como esa élite fashion uniformada con pitillos de Isabel Marant y americanas de ACNE, la tribu del streetstyle y sus secuaces.

El normcore parece así un efecto secundario de la mainstreamificación del hipsterismo, o al menos algunos de sus códigos más representativos como camisas de cuadros o deportivas New Balance. Si todo el mundo es especial, ya nadie lo es. Siguiendo la esquizofrénica lógica que mueve la moda, cuando la mayoría busca la originalidad, la única forma de diferenciarse (y por ende de ser cool) es… evitándola. Ser como los demás para ser único. Adoptar lo que los estadounidenses llaman Mall style y que en España, más que estilo de centro comercial, podríamos traducir como look Lidl (o cualquier otro supermercado de descuento).

Puede que a estas alturas la palabra mamarrachada se haya dibujado en su mente, o, simplemente, sienta que su cerebro está a punto de licuarse. Pero piense como hace el escritor y ensayista Eloi Fernández que “un rico y estiloso vistiéndose como si no fuera rico y estiloso” es más antiguo que la vida misma. Desde el look clochard de los setenta al grunge de los noventa.

Cuando el autor de Afterpop (Anagrama, 2010) comenzó a ver editoriales de moda e individuos supuestamente modernos con pose normcore pensó inmediatamente en un trastorno psicológico. “Me vino a la cabeza la afección normótica o normopatía, que es la obsesión por la convención y la repetición de la norma. La padece gente que no puede adaptarse al cambio y funciona como un mecanismo de defensa basado en la rutina”.

Según la columnista Fiona Duncan el normcore es, de hecho, una reacción “contra la necesidad de vestirnos de una forma única y diferente”. Fernández, más prosaico, cree que “se puede considerar como un instrumento de la industria para revitalizar los productos de fondo, los básicos”. Aunque también revela cierto arrobamiento, si no sorpresa, porque en una sociedad “donde estamos tan condicionados por cómo se viste y donde somos tan conscientes de las implicaciones que tiene cada elección estética” exista gente que viva al margen y no gaste ni un solo segundo de su tiempo en pensar si los Crocs con calcetines son la respuesta adecuada a alguna pregunta del universo.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre un padre que viste forro polar, pantalón de Carrefour y unas Stan Smith de cuando era joven, y un moderno disfrazado de normcore? Pues, simplemente, la actitud. “La persona que viste normal, digamos, en serio es un ignoto en el mundo de la moda. El normcore, como el hipster, es un individuo que conoce en profundidad la moda y simula haber hecho una elección básica en materia de estilo”, según Fernández. Soy tan cool que puedo ponerme esta camiseta blanca sin nada y seguir siendo cool.

Incluso las firmas de lujo empiezan a jugar con esta estética. Ahí están los chubasqueros y anoraks feistas que Miuccia Prada ha sacado en su última colección para Miu Miu. ¿Terminará extendiéndose? Un momento: ya lo ha hecho.

Por Administrador
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Publicado el 11 de March del 2014
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