Territorio John Wayne
14Mar

Llegar a un lugar con el que uno soñó treinta años atrás tiene mucho de irreal. Plantado bajo un cielo azul eléctrico, en el aparcamiento de Devils Garden del parque nacional de Arches, en Utah (EE UU), no cabe duda de que esta aventura nació gracias a John Wayne. No muy lejos de aquí, John Ford filmó en 1955 Centauros del desierto, la epopeya de odio de Ethan (Wayne) a través de un relato donde poesía, complejidad, amargura y perfección técnica ponen al espectador patas arriba. El filme tiene el color rojo de la arena del desierto, igual que la que pisamos ahora estremecidos por el frío matutino. Avanzamos por un sendero que debe llevarnos a conocer la mayor concentración de arcos naturales de roca del mundo. Salimos preparados para regalarnos la vista por un recorrido circular que no supera los 15 kilómetros, pero cuya dificultad conviene no menospreciar en verano, donde las temperaturas aquí rozan los 45 grados. Los últimos paneles indicativos del aparcamiento recomiendan encarecidamente llevar calzado adecuado, ropa de abrigo, tres litros de agua por cabeza… Pero estamos en la última semana de octubre y sabemos que el otoño y la primavera son las estaciones idóneas para este tipo de excursiones.

 En el parque nacional de Arches están censados algo más de 2.500 arcos de roca, aunque este no es un recuento estático: las estructuras más frágiles se derrumban en el tiempo, mientras que el efecto combinado del agua y del hielo, las temperaturas extremas y el movimiento subterráneo de sal trabaja fabricando nuevos y sorprendentes arcos. En 1991, una sección de 19 metros se desprendió del Landscape Arch, el arco de mayor dimensión del parque (93 metros), adelgazándolo notablemente, pero sin quebrar su estructura. Un paisaje en perpetua construcción.

El sendero recorre un laberinto flanqueado por torres de piedra arenisca cuyo color rojizo cambia en función de su exposición al sol. A ratos, el laberinto alcanza lo alto de una colina desde la que se aprecia una inmensidad desértica delimitada por cadenas nevadas de montaña. Estamos en uno de los paisajes más severos y despoblados de Norteamérica.

Con todo, el horizonte no es solo rojo. Destaca la constante presencia de pinos piñoneros y juníperos nudosos, que parecen torturados por el viento, el calor diurno y el frío nocturno. Estructuras obstinadas y empeñadas, pese a todo, en regalar su matiz verde. Sorprende la discreta y escasa señalización que baliza la ruta circular. Pequeños hitos de piedra jalonan la ruta, y, de tanto en tanto, una modesta señal de madera señala un detalle del camino, un arco singular o una vista interesante. No hay papeleras, ni puestos de comida, ni vendedores ambulantes, ni suciedad. Tampoco se ha humanizado el recorrido con escaleras, pasamanos, peldaños metálicos y demás rebajas típicas de los escenarios montañosos más solicitados.

Conforme el trayecto se acerca al Double O Arch, desde donde se inicia el regreso al aparcamiento, uno toma conciencia de la inmensa desnudez del lugar. Perderse aquí debe figurar entre las peores pesadillas de los visitantes. Siglos antes de que los europeos desembarcasen en el Nuevo Mundo, las tribus ute y fremonte se instalaron aquí buscando plantas, animales y rocas para confeccionar sus armas y herramientas. De su paso quedan algunos petroglifos (símbolos o dibujos tallados en la roca). Apenas a una hora de coche, en la entrada de la reserva de Indian Creek, existe un rincón bautizado como Newspaper Rock, que no es otra cosa que una pequeña aglomeración de petroglifos dibujados hace 2.000 años. Se aprecian figuras reconocibles, pero los expertos desconocen el significado real de estos dibujos.

Delicate Arch

Al tratarse de un recorrido circular, caminamos por paisajes nuevos hacia el coche, sin arcos a la vista, pero descubriendo rincones y horizontes sorprendentes. Hemos iniciado la visita desde su extremo norte del parque: nos falta por visitar aún el Delicate Arch, el reclamo principal del lugar, un acicate suficiente como para olvidar las cuatro horas de caminata que acabamos de completar. Comemos brevemente, apoyados en una roca con vistas al valle Salado, y proseguimos carretera abajo, impacientes por completar los 2,5 kilómetros de cuesta que conducen hasta el Arco Delicado, una estructura singular que parece crecer de la nada (no forma parte de ninguna pared) y asemeja unas piernas cansadas a las que el paso del tiempo ha robado las otras partes de lo que una vez pudo ser un cuerpo.

Al atardecer, cuando el sol empieza a despedirse, el Delicate Arch parece a punto de entrar en combustión. Entonces, las cámaras de los turistas en sus trípodes parecen enloquecer. Y uno entiende que este paisaje afila las emociones, las magnifica. Como le ocurrió a Ethan.

 

Por Administrador
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Publicado el 14 de March del 2014
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