Una mina de diamantes parada por huellas de dinosaurios
08Nov

Un día de diciembre de 2010, al geólogo ruso Vladimir Pervov le cambió el rictus. Rodeado por gigantescos camiones de 100 toneladas de capacidad, se encontraba estudiando los minerales de la cuarta mayor mina de diamantes del mundo, la de Catoca, en Angola. Y en un estrato de tierra de 118 millones de años apareció algo que no era una piedra preciosa: una huella fosilizada perteneciente a un animal que pisó por allí en el Cretácico Inferior, la etapa que sucedió al Jurásico.

“Vladimir se sorprendió por la extraña forma de la huella y me envió unas fotografías por e-mail”, recuerda el paleontólogo portugués Octávio Mateus, descubridor en 2005 del primer dinosaurio hallado en Angola, el Angolatitan adamastor, un bicho de 13 metros de longitud que vivió hace 90 millones de años. Emocionado, el investigador se desplazó inmediatamente en avión a la mina de diamantes a cielo abierto, con una producción de más de seis millones de quilates al año. Una vez allí, en un inmenso agujero similar a un estadio con gradas para espectadores gigantes, Mateus detectó otra huella y otra y otra, hasta llegar a casi 70 pisadas.

Entonces, ocurrió lo inesperado. La Sociedad Minera de Catoca —formada por las empresas mineras Endiama (Angola), Alrosa (Rusia), LLV (China) y Odebrecht (Brasil)— decidió parar la extracción de piedras preciosas en ese sector, de más de 300 metros cuadrados. “Es una historia fantástica. Las minas de diamantes de África no tienen muy buena reputación, es la primera vez que ocurre algo así”, afirma Mateus, de la Universidad Nueva de Lisboa.

La mala fama procede precisamente de países como Angola, donde a partir de 1975 una guerra civil enfrentó al gobierno del Movimiento Popular de Liberación de Angola, sostenido por la URSS, y a la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola, apoyada por EEUU. El Gobierno tenía petróleo y la guerrilla poseía diamantes, cuya venta a los países ricos financiaba la guerra. Eran los llamados diamantes de sangre.

“En esta ocasión, la empresa decidió parar la actividad en ese sector, y no porque fuera obligatorio por ley, sino porque se dieron cuenta del valor que tenía el hallazgo para el patrimonio cultural de Angola y decidieron protegerlo”, sostiene Mateus. “Desconozco las cifras concretas, pero detener la extracción de diamantes puede haber supuesto cientos de miles de euros perdidos”.

El hallazgo de las 70 huellas del Cretácico se anunció el miércoles en el encuentro anual de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados, en Berlín. Allí, Mateus presentó “un descubrimiento inesperado”. Junto a 18 pisadas de saurópodos, un tipo de dinosaurios popularizado por los diplodocus de largo cuello, aparecieron decenas de huellas de un sorprendente animal. “Es un mamífero del tamaño de un mapache, en una época en la que la mayoría eran pequeños como ratas”, explica.

Los expertos no saben qué era aquello que correteó por la mina de diamantes hace 118 millones de años. “Hice una recopilación de huellas de mamíferos encontradas en todo el mundo. Ojalá supiéramos lo que es”, señala el paleontólogo Anne Schulp, del museo de historia natural Naturalis, en Leiden (Países Bajos).

Los investigadores, agrupados en el equipo PaleoAngola, aseguran que no se ha desenterrado en ningún punto del planeta un hueso fósil de un mamífero de suficiente tamaño como para haber dejado esa pisada hace 118 millones de años. La única pista son los restos de un mamífero, de poco más de medio metro de longitud, que vivió en China unos cinco millones de años después. El problema es que de aquel animal no se conservan sus extremidades, por lo que es imposible saber si se trata del mismo grupo, al margen de la distancia en el espacio y en el tiempo.

“De las huellas de Catoca no podemos decir mucho más que que fueron hechas por un animal con forma de mamífero, sobre todo porque en ocasiones están muy mal conservadas”, añade el italiano Marco Marzola, otro paleontólogo del equipo PaleoAngola.

Marzola, el más joven del grupo, de 31 años, fue el primero que se dio cuenta de que algunas pisadas en la mina de diamante no eran ni de mamífero ni de dinosaurio. “Descubrí que unas huellas, al principio atribuidas a mamíferos, en realidad pertenecían a un animal del Cretácico relacionado con los modernos cocodrilos”, señala.

Para Marzola, “es excepcional que la empresa Catoca detuviera toda actividad minera en ese sector durante unos ocho meses”. A los cientos de miles de euros supuestamente perdidos como lucro cesante, quizá habrá que añadir otros cuantos en el futuro, como sugiere el holandés Schulp: “Que no sepamos de qué mamífero se trata muestra que hay una enorme cantidad de trabajo por hacer. Solo hemos rascado la superficie”.

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Publicado el 08 de November del 2014
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