Venimos de una célula con dos ‘látigos’
02Feb

Si pudiéramos dar marcha atrás en el tiempo como el que rebobina una película larguísima, nos encontraríamos hace unos 90 millones de años con el último ancestro común de seres humanos y ratones. Hace unos 310 millones de años, nos toparíamos con el último pariente directo que compartimos con las gallinas. Hace 450 millones, con el de los peces. Hace unos 1.000 millones de años, con el de los invertebrados. Y, rebobinando más hasta que desaparecieran casi todos los seres vivos conocidos de la faz de la Tierra, desembocaríamos hace unos 1.500 millones de años en el último ancestro común que compartimos con todos los demás organismos que, al igual que nosotros, poseen células con núcleo, los eucariotas, como animales, plantas y hongos.

Ahora, los científicos ofrecen un retrato robot de aquel ser que acabó dando lugar a toda la vida que observamos a simple vista: era un organismo acuático, de una sola célula y con dos flagelos, los apéndices con forma de látigo que conservan los espermatozoides. “Sería similar, por ejemplo, a los actuales Malawimonas”, explica el investigador francés Romain Derelle, principal autor del estudio. Los Malawimonas son organismos de apenas cinco millonésimas de metro, cuyo esquema remite al dibujo infantil de “un 6 y un 4, la cara de tu retrato”. De ahí venimos.

La comunidad científica conoce a este último ancestro común de los eucariotas como LECA (las siglas en inglés de Last Eukaryotic Common Ancestor). El LUCA (Last Universal Common Ancestor), último antepasado común universal, habría vivido hace 3.500 millones de años. “Sabemos muy poco del LECA. Conocerlo más es importante porque compartimos muchas rutas moleculares. Por ejemplo, los humanos compartimos una tercera parte de nuestras proteínas con las plantas y los hongos”, detalle Derelle, que trabaja en el Centro de Regulación Genómica, en Barcelona.

Su equipo ha comparado proteínas de organismos eucariotas (células con núcleo) con proteínas similares de bacterias (células sin núcleo). Es como comparar varias versiones de Don Quijote de la Mancha publicadas en el siglo XVII para averiguar cuál fue la primera a partir de sus pequeñas diferencias. Este rastreo ha llevado a los autores a situar el LECA entre los dos grupos principales de eucariotas, conocidos tradicionalmente como Unikonta y Bikonta. Ahora, Derelle propone rebautizarlos a la vista de los nuevos datos, ya que Unikonta se reservaba para los eucariotas que ancestralmente tenían un solo flagelo y su investigación sugiere que los miembros más antiguos poseían dos, como los Bikonta. Su trabajo se publica hoy en la revista PNAS.

“Ya se había sugerido que el último ancestro común de los eucariotas podía tener dos flagelos, pero es la primera vez que se aporta este soporte experimental”, aplaude el biólogo evolutivo Iñaki Ruiz Trillo, investigador del CSIC y ajeno al estudio. “Lo que está claro es que el LECA era mucho más complejo de lo que pensábamos. Estamos hablando de una de las transiciones más importantes en la historia de la vida”, opina.

El biólogo evolutivo Tom Cavalier-Smith, de la Universidad de Oxford (Reino Unido), también da por buena la conclusión de que el último ancestro común eucariota fue un organismo con dos flagelos, aunque critica el cambio de nomenclatura propuesto por Derelle. La batalla científica, lo más parecido a una guerra que puede haber en el mundo de los organismos unicelulares ancestrales, continuará en marzo durante un congreso especializado en Inglaterra.

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Publicado el 02 de February del 2015
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